¿Qué es regocijarse?

En el Budismo, el regocijo es uno de Los Cuatro Inconmensurables (Skt. brahmavihāras).

Regocijarse significa principalmente cultivar el contento por la fortuna de otros. Pero uno puede comenzar por uno mismo: alegrarse por las buenas cualidades que uno posee, por los pequeños logros cotidianos, por los pasos que ya fueron andados. El regocijo diario abre el espacio para la virtud en nuestra mente, para que el contento y la gratitud siembren las semillas del entusiasmo para mañana seguir intentando, para generar la aspiración de continuar progresando, contando con el trecho caminado que ya es parte de nuestro tesoro interior hoy mismo. El regocijo, además, nos invita a detenernos y observar cuáles han sido nuestros frutos ya cosechados, cuánta ira hemos transformado, cuánto Asombro hemos labrado. A veces es necesario suspender la marcha para poder contemplar la tierra húmeda bajo nuestros pies; una tierra que venimos trabajando desde tiempo sin memoria, y que es preciso aprendamos a enaltecer para seguir caminando sobre ella con lucidez.

Aprender a regocijarnos por la felicidad, por los logros, por la buena fortuna de otros, también es una práctica muy importante. ¿Por qué? Porque precisamente se opone a la clausura emocional que muchas veces transitamos por estar tan ensimismados en nuestros propios asuntos: así se trate de asuntos mundanos o espirituales, estar encerrado en uno mismo, cautivo de la propia imagen, inflige sufrimiento sobre nosotros y los demás. De modo que hoy propongo esta práctica para sembrar buena voluntad, amabilidad con uno y con otros y generosidad con su desarrollo: ¿por qué habríamos de regocijarnos solamente en nuestro florecimiento? Hagámoslo también por el del vecino, el hombre desconocido cruzando la calle, por la felicidad de aquel amigo que alguna vez nos traicionó.

Como ya sabemos, cada uno de nuestros actos, pensamientos y modos de habitarnos a nosotros mismos y al mundo en el que vivimos, influye a los demás seres de manera directa y global. Por lo tanto, regocijarnos en la fortuna material, intelectual o espiritual de otro, es regocijarse en el bienestar y el progreso de toda la Humanidad. [i]


Tips prácticos para desarrollar el regocijo hoy:

·       Siente contento por los logros que comparten tus amigos en las redes sociales;

·       Siente alegría por la madre que encuentras en la calle dando amor a su hijo;

·       Por esa anciana en tu vecindario que alimenta a perros callejeros;

·       Por la solidaridad de las personas que donan parte de sus ingresos a quienes más lo necesitan. Piensa: "En este mundo loco en el que parecemos vivir, ¡qué maravilloso es eso!"

·       Alégrate por el ascenso de tu compañero de trabajo;

·       Alégrate por tu amig@ encontrando esa pareja que tanto deseaba;

·       Por la amabilidad del adolescente que cede su asiento a la señora embarazada en el bus;

·       Por el buen humor de la secretaria de tu empresa;

·       Por el cuerpo atractivo de esa modelo en la revista;

·       Por la generosidad y bondad de tus padres al esperarte con la cena lista;

·       Por la forma en que tú brindas alegría a quienes te rodean...

·       y sigue, y sigue y sigue. Hay motivos para regocijarse en cada rincón.


Un consejo de principiante a principiante:

Al principio, cuando intentamos desarrollar una nueva cualidad, nuestra mente se resiste ante la amenaza de lo desconocido -y sobre todo, de aquéllo que amenaza al egocentrismo-. Estamos acostumbrados a celar la felicidad del otro y entrenados para competir. El otro aparece como una amenaza a nuestro logro y no como una condición para que ese logro suceda. La realidad de la interdependencia yace ensombrecida ante la ilusión de independencia, de que podemos abastecernos solos y de que nuestra felicidad no depende de la contribución del otro -de todos los otros-.

Como todo hábito, es preciso dedicar tiempo y esfuerzo en afianzarlo en la mente, hasta que se torne espontáneo y natural. Incluso pareciera que estamos fingiendo algo que no sentimos: ¡sí, al principio el regocijo puede ser fingido! Pero hay un dicho inglés que dice: “Fake it until you make it!” (“¡Fíngelo hasta que lo consigas!”) De modo que, aunque en un comienzo nuestro regocijo sea de plástico e impostado, y demande un gran esfuerzo, como lo demostró el Gran Maestro Shantideva, no hay nada que no se vuelva más fácil a través de la práctica.

En cuanto descubras por ti mismo los beneficios de regocijarte en tus logros, en tus buenas cualidades, y en las buenas cualidades y logros de otros, en cuanto degustes el sabor del contento que puedes generar en tu mente, y cuánto disminuyen tu tendencia a los celos y la envidia, te sentirás inspirado a aplicar esfuerzo en tu práctica. Y un buen día, más allá de las circunstancias externas, regocijarte será tu mejor aliado interno para sembrarte alegría.

 Señor Sikh alimentando diariamente a los perros callejeros, Dharamsala, India, 2017

Señor Sikh alimentando diariamente a los perros callejeros, Dharamsala, India, 2017


¿Qué beneficios encuentras en la práctica del regocijo? ¿De qué te regocijas hoy? ¡Comparte e inspira!


[i] Los primeros tres párrafos de este texto fueron extraídos y adaptados  de “La práctica del regocijo”, artículo publicado por Melisa Biondi en la Revista Uno Mismo en julio de 2016.