Introducción a 'Convertirse en un Agente de Paz'
 

Por lo general hablamos de la Paz Mundial como un ideal magnánimo pendiendo en la dimensión etérica. Como seres humanos, es natural que sintamos la necesidad de contribuir al fin de la guerra en todos los niveles y de vivir en armonía con todos los demás seres, pero de alguna manera esta aspiración se siente algo muy distante de nuestra realidad actual. Culpamos a los seres humanos que eligen la violencia física como un medio para protestar o defender su punto de vista; condenamos el terrorismo y las bombas atómicas (que son indudablemente expresiones extremas de violencia). Sin embargo, una bomba no es la única manera de crear desarmonía y propagar el odio y el miedo.

En nuestra vida cotidiana, observo que rara vez nos sentamos a contemplar cuáles son nuestras formas personales de hacer la guerra en nuestras propias mentes, en nuestras familias, en nuestras naciones y en el mundo en que vivimos; que con poca frecuencia pensamos creativamente en maneras con las cuales podríamos fomentar personalmente la armonía y la paz.

Esta es una sección del blog diseñada para inspirarte a volcar la mente hacia adentro y tomar tu parte de la responsabilidad en llegar a alcanzar esa Paz Mundial que también tú anhelas. Esta es una página creada para empoderarte para que tú te conviertas en un Agente de Armonía y Paz en el mundo.

 

HOY:

 

1- Entrega una sonrisa incondicional.


Este consejo no significa que deberíamos rondar con una sonrisa falsa, pretendiendo ser el amigo del mundo mientras secretamente sentimos repugnancia por los demás. Significa en cambio aprender a separar a la persona de sus acciones. La otra persona (con quien interactúas, desde la recepcionista en tu lugar de trabajo y el recolector de basura, a tu pareja y tus madre) es simplemente otro ser humano como tú y yo con el mismo deseo de ser feliz y evitar el sufrimiento. Sus acciones son un fenómeno compuesto que vino a ser debido a la fuerza de muchas causas y condiciones. Piensa en cómo la mayoría de esas causas y condiciones (generalmente todas ellas) son desconocidas para nosotros. Cuando una persona se comporta rudamente con nosotros, podemos reflexionar acerca de cómo pudo haber tenido un día difícil, puede que haya perdido recientemente un ser querido o puede estar enfrentando situaciones familiares estresantes o problemas financieros. 

Dar una sonrisa incondicional significa: sé amable con todos, no importa qué suceda. 

Nunca podremos controlar el comportamiento de los demás, pero hay algo de lo que siempre podemos tomar el control, y eso es la reacción que decidimos emprender frente a ese comportamiento. Su Santidad el Dalai Lama tiene una cita de renombre que dice: "Sé amable siempre que sea posible. Siempre es posible".

 

2- Supera la necesidad de vengarte cuando alguien te dice algo ofensivo.


Esta actitud no es una supresión de la ira. Es una comprensión de cómo una reacción iracunda sólo va a ser perjudicial para nuestro deseo de paz y felicidad, cómo va a causar turbulencia en nuestra mente, aumentar la desarmonía en nuestra relación con esa otra persona (cuya mente también se agitará) así como todo el entorno que nos rodea. Reaccionar con antipatía sólo fortalecerá las conexiones neuronales en nuestro cerebro que perpetúan el hábito de rechazar todo aquéllo que no nos satisface en el mundo o no está de acuerdo con nuestras expectativas (y como sabemos por nuestra experiencia de vida, ¡experimentaremos esto bastante a menudo!)

 

3- Deja de participar en conversaciones donde tus amigos, familiares o compañeros de trabajo están criticando a alguien más.
 

Todos queremos ser amados y aceptados por quienes somos. A ninguno de nosotros le gusta ser criticado por nuestros defectos, nuestros rasgos de personalidad o nuestros malos estados de ánimo. Todos buscamos lo mismo: sentirnos apreciados, entendidos y conectados con los demás. Podemos recordar aquellas veces en las que descubrimos que otros nos criticaban a nuestras espaldas y evocar la amargura. Debemos recordar esa decepción y el miedo que emergió en nuestra mente al sentirnos rechazados por otros. ¿Nos gustaría ser la condición para que otra persona se sienta así?
Además, podemos reflexionar sobre cómo la indulgencia en el chisme y el habla divisiva es también una actitud absolutamente antagónica a esa armonía, paz y alegría que queremos experimentar como seres humanos.
Cuando nos encontramos en tal situación cuando otros están criticando a alguien, podemos optar por permanecer en silencio, dejar el espacio e ir a otro lugar o alterar el curso de la conversación cambiando de tema o diciendo en su lugar algo positivo acerca de esa persona que está siendo juzgada.
 

4- Abandona el deporte nacional: la necesidad de quejarnos ante todo lo que nos desagrada.


A partir del clásico: el clima, el gobierno, nuestro vecino charlatán y el autobús retrasado, siguiendo a nuestro compañero no siendo perfecto (un desenlace que la mente egocéntrica considera merecer con certeza) y el mundo no siendo un jardín placentero por donde deambular y bailar felizmente como Heidi.

Podemos hacer de cada condición en nuestro Camino una oportunidad para crecer en aceptación, tolerancia y paciencia.

¡Permítamonos empoderarnos!


Mirar una situación desde una perspectiva más ecuánime, sin la necesidad de reaccionar emocionalmente a todo lo que sucede en el mundo, puede darnos mucha más libertad y espacio en nuestra mente para tomar acciones hábiles y beneficiosas para cambiar una situación inconveniente o perjudicial siempre que éso sea algo posible. Si no es posible cambiar algo, ¿no es acaso la queja un desperdicio de nuestra energía y una actitud que fomenta la negatividad en nuestro entorno?
 

5- Deja ir la necesidad de querer tener siempre la razón. Deja que la otra persona gane.
 

Parece ser el viejo hábito de nuestro ego siempre tener que demostrar que está en lo correcto, que es más inteligente, más intuitivo, más brillante ... en todos los sentidos, ¡mejor que todos los demás! Es una buena práctica evitar confrontaciones innecesarias, dejar que la otra persona exprese sus ideas libremente y encuentre sus propias verdades. A menos que sea un asunto muy importante para discutir, las disputas diarias como por ejemplo quién fue el que dejó las luces encendidas cuando salimos de casa, cuál es el mejor equipo de fútbol del país, la mejor disciplina espiritual, el partido político más beneficioso (por supuesto, nosotros siempre tenemos argumentos válidos para demostrar que lo nuestro es lo mejor), si la sopa sabe realmente mejor con o sin especias… es una buena práctica dejar que la otra persona tenga razón.

A diferencia de lo que se piensa en nuestra sociedad -que este tipo de actitud es el reflejo de que una persona no puede defenderse a sí misma, siendo pasiva y sufriendo por represión de la ira-, puede ser un signo de una paciencia y una madurez muy desarrolladas en la cual la persona es lo suficientemente hábil para discernir lo que es relevante para gastar sus energías de lo que no lo es. Podría ser una persona que elija la calma y la alegría interior a la agitación que la compulsiva necesidad de discutir y demostrar que uno está en lo correcto. Esa persona podríamos ser nosotros desde hoy.
 

¿Cuáles son los resultados de llevar a cabo estas prácticas para ti?
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