Hay momentos en la vida en que es preciso detenerse y redefinir prioridades.
De despojarse de excusas rancias y vestirse de resoluciones frescas.
De intrepidez primaveral y traslación pueril al mundo de lo inédito.
Volver a ser novato: Trasladarse a nuevas tierras. Ser extranjero una vez más.
Cambiar de profesión. Animarse a redefinirse a uno mismo.
Expandir los límites de lo que creemos ser.
Hacer añicos los yoes pasados y ceñidos por el hábito, adormecidos por la falta de osadía y de fe.

Atreverse a decir: Lo que me era importante hace diez años, hoy es pasatiempo obsoleto.

Redefinir los valores. Y tras ello las compañías. Los pasatiempos. Los libros. Las tierras donde alzar hogar, o las que dejar atrás para mudar al yo e impedirle que se apegue con el tiempo.

¿Cuáles son las prioridades de mi vida?
Las redefino enteras, como si el reloj de arena se vaciara en el próximo instante.

Seamos implacables con la procastinación porque la muerte es certera. Sí, la finitud de este yo ilusorio al que nos aferramos con ahínco es el único compromiso infalible que deberemos asumir.

Hermano humano: Hay que morir cuando ese momento incierto aceche despiadado, pero no antes de tiempo.

Estar muerto en vida puede ser regodearse en las excusas por insuficiencia de Propósito

Estar en muerto en vida es no animarse a la transformación:
por miedo a revertir la miseria de la comodidad y la certidumbre
por una existencia plagada de la incómoda pregunta en búsqueda de sentido:
verdadera afirmación de la vida.

Morir antes de tiempo es no atreverse a dejar ir cuando es tiempo.

Es la visión estrecha de jamás considerar el beneficio a largo plazo: para uno, para todos.

Morir es no atreverse a perdonar;

es esperar que el otro cambie por pereza de tomarse el trabajo de cambiar uno mismo.

Es dormir más de lo necesario por falta de motivación de servir.

Es esconderse debajo de las sábanas por miedo a la crítica.

Es dejar de aprender por creer que lo sabemos todo. O por miedo a no poder: El orgullo y la cobardía entumecen más que la muerte.

Dejar el tiempo pasar sin tener garantía de retorno.

Pensar del mismo modo sobre los mismos temas que hace diez años. 

Ser preso de una ideología, no aflojar la fijación.

Que se proliferen las quejas y disminuya la apreciación y el regocijo en el discurso. Que la queja no se atreva a redefinirse en señalamiento seguido de resolución. Éso para mí es una muerte.
 

Atrévete. Me atrevo. Nos atrevemos a cambiar.
Porque el cambio es de todos modos, inevitable, y nosotros tenemos la libertad y el poder de darle una buena dirección.

¿Cuáles son los miedos que obran de obstáculo para que te atrevas a cambiar?
¿Cuáles has podido superar?

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