Llegó el atardecer: la hora de la oración.

Me asomo por la ventana interior por donde veo la Verdad a contraluz. Y por encima, Ellos.

Se acercan a hacerme sentir Su Presencia Ominisciente ante el llamado de mis palabras colmadas de devoción: de ese grito entonado y melodioso en pedido de auxilio espiritual.

Entrar en comunión con Ellos es Volver a buscar refugio en mi verdadero Hogar -o hacerlo por primera vez en la existencia-.

¿Por qué he esperado tantos eones en pronunciar los versos con los que puedo comulgar con la Infinitud?

Y es que uno como ser afligido se demora demasiado en tomar decisiones que lo timonean hacia el Bien-estar... al Bien-Ser. Cuestión de auto-boicoteo sintiente.

Voy a vaciarme de quieros porque es preciso hacer espacio en mi consciencia para vivir contenta: contenta con lo que tengo, con lo que soy hoy. Buscar satisfacción excelsa en placeres mundanos es como buscar la luz en el hollo negro de la Tierra: oscuridad sin fin.

Voy a llenarme de puedos porque me habita un potencial inacabable, irreductible al verbo aunque me incline a lo inefable con él.

Me crecen banderas de oración del pecho y se extienden hasta tu casa, Maestro; pendulando con el viento que sostiene mi conciencia, meciéndose al compás de mi insondable devoción. Tú me has enseñado que renacer humano es el portal hacia la inmensidad inefable de la iluminación. Tú me has enseñado lo que es vivir alineado con esa trascendencia. Ser la madre compasiva de toda criatura es sólo el resultado de con cuánto amor horneo el pan que ofrezco, preparo la mesa de casa, sonrío al marginado, al ladrón, al indefenso.

La compasión no se mide en las gotas de sal que derramas por frustración ante el dolor de otro ser, sino en la fuerza de tu deseo de que sea libre de él y en tu compromiso con trabajar para aliviarlo.

Fuerza y compromiso. Lejos de la obstinación y la megalomanía, la compasión es la ventana por la que entra aquella brisa de Sentido existencial que espanta la pereza y el ardor de la rancia desesperanza.

La compasión como esencia de jazmín para empapar mi mundo cotidiano de Sentido y humildad. Para dotar cada mañana de humana posibilidad.

Llegó el atardecer: la hora de la oración. La hora de revisar la sinceridad de mi Intención.