Existe una diferencia abismal entre tomar decisiones íntegras o por complacencia. ¿Qué significa íntegro en este caso? Afín con nuestras necesidades, valores, prioridades y propósitos. ¿Qué significa complacencia? Actuar con la motivación de complacer, de agradar a los demás (aún sacrificando nuestro propio bien-estar). Sin embargo, aunque pareciera ser obvia, esta disparidad no se manifiesta como algo evidente ante nuestro ego.

Cuando una situación desafiante se presenta, nuestro miedo primitivo al rechazo (que tiene su lugar en la amígdala, parte de nuestro cerebro primitivo asociado a la supervivencia) se activa y nos condiciona a responder de manera complaciente a las demandas de los demás. Este temor infantil añejo a veces emerge con mucha intensidad como producto de la fantasía latente de que si somos rechazados, moriremos. Éste sería bien el caso de un bebé recién nacido, absolutamente dependiente del cuidado de un mayor, pero no lo es sin embargo para una persona adulta.
Pero si como adultos no moriremos al ser rechazados, ¿por qué entonces le tenemos tanto miedo?  

Una indagación fundamental que puede ayudarnos a mirar de frente y con coraje a esta tendencia infantil de consentir a los demás es preguntarnos para qué lo hacemos, qué intención antecede esta forma de comportarnos.
Ven. Thubten Chödrön nos sugiere auto-interrogarnos:

¿Quién es importante cuando estamos siendo complacientes? ¿Por el bienestar de quién nos estamos preocupando en verdad?

Ser sinceramente bondadoso (esto es, actuar desde la motivación de que otros sean felices) no es lo mismo que mostrarnos externamente con una fachada amable, comportándonos de manera encantadora sólo para agradarles a los demás y evitar la crítica a toda costa.

Lo cierto es que presentarnos como “niños buenos” (complacientes) ante los ojos de los demás es un verdadero fraude:  la tan esperada consecuente adulación, como precisamente lo señala el sabio maestro indio Shantideva,  no resulta en paz interior, en riqueza material, en autorrealización, ¡ni nos acompaña después de la muerte!
Buscar que los demás gusten de nosotros y evitar por todos los medios enfrentarnos con la crítica es un hábito mental inmaduro y extenuante que nos convoca a actuar muchas veces en desacuerdo con nuestros principios, derivando en agitación mental y provocando,  por lo tanto, que nos movamos en dirección contraria del norte hacia el que nos encaminamos desde lo profundo: la verdadera felicidad.

Te presento algunas preguntas que pueden servirnos de guía en el proceso de detectar este hábito nocivo:

Cuando acudimos a esa reunión familiar/social – o prolongamos nuestra estadía en ella más de lo necesario- en la que los valores que circulan no son afines con los nuestros, ¿lo hacemos con la intención de ser de beneficio a los demás con nuestra presencia de algún modo o solamente para complacer al grupo y no atravesar el infortunio de ser desterrado o juzgado por ser diferente?

Al ser amables y actuar con cortesía, ¿actuamos impulsados por un sincero interés en el bienestar del otro o solamente para agradarles?

Ciertas situaciones cotidianas en las que “el complaciente interno” se evidencia pueden ser:

Cuando publicamos una foto/frase/experiencia en las redes sociales sólo para acumular  Me Gustas y leer elogios en los comentarios (es decir, para ser aprobados y adulados).

Cuando nos aterra decir “no” a un pedido del otro sabiendo que con eso estamos transgrediendo nuestra ética.

Cuando cedemos a caprichos de otro que se interponen con nuestras prioridades por miedo a su tener que lidiar con su fastidio, y nos quedamos rumiando resentimiento por dentro.

Cuando procrastinamos lo importante por complacer, ¡eso sí que sabe agrio!

Cuando accedemos a formar parte de rituales, actividades e incluso estilos de vida que están en desarmonía con nuestros valores sólo por miedo a la exclusión, condenándonos a vivir en comunión con el gusto amargo de la auto-traición.

Cuando negociamos lo innegociable: nuestros valores, principios y nuestro Propósito vital sólo por evitar la incomodidad de la confrontación con las expectativas insatisfechas del otro, el mandato familiar, el mandato social. Y en algunos casos: el reproche, la condena, la indiferencia y la burla.
 

¿Cuál es el beneficio de trabajar para trascender la complacencia?


Transformar la energía de origen temeroso invertida en ser un complaciente compulsivo en una motivación valiente y sincera de actuar desde la alineación con nuestros valores y el deseo de que nuestros actos sean de mayor beneficio para todos a largo plazo, es un camino infalible hacia el alcance de un profundo sentido de integridad y lealtad con nuestro Propósito.
A veces puede ser que obtengamos menos Me Gusta en Facebook, pero amaneceremos y anocheceremos reposando en la sonrisa serena de estar siendo fieles a nosotros mismos.

¿Qué pensamientos te surgen de reflexionar sobre este tema?
¿Qué beneficios encuentras en trabajar para trascender la complacencia?

¡Comparte para inspirar!

 Ternero cuidado en Root Institute for Wisdom and Culture, Bodhgaya, India

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