La mujer entre los mandatos sociales y las elección vitales

Escucha atentamente, mujercita:

Llevarás una melena larga siendo fiel al arquetipo de tu feminidad, y la cara maquillada y las uñas acicaldas como evidencia de que te quieres a ti misma. Serás delicada, modesta y dulce. Lucirás una silueta delgada de curvas pronunciadas que exude la sensualidad de tu naturaleza y te vestirás siguiendo el dictamen de la moda exaltando aún más tus “dotes” femeninos (para complacer la vista de ellos y seguir siendo objeto de su deseo, y para ser envidiada por ellas, tu competencia). En cuanto algún descuido te lleve a perder esta imagen intachable de soberanía femenina, te esforzarás para recuperarla. Entonces, oirás un suspiro de alivio por tus allegados y vecinos porque “has vuelto a ser la misma de siempre” (ésa que debes ser).

Estás llamada a encontrar un hombre que sea tu “complemento” (porque él es todo hombre y tú toda mujer). Un complemento que te complete, claro está, porque tú por ti misma no eres completa. Y cuando lo encuentres, deberás aferrarte a él para toda la vida. A él: tu providencia material, emocional, tu sustento íntimo y adorno público.

No importa si eres infeliz en tu relación: deberás mostrarte en sociedad (en especial ante la familia y las redes sociales) con tu mejor sonrisa navideña.

Serás una buena ama de casa, para complacerlo a él (y tu familia conyugal). Además, trabajarás para mostrar que eres independiente. Por supuesto que sumado a ésto serás madre, y deberás asumir todos los roles al mismo tiempo con impecable capacidad de logro (y tu sonrisa navideña). Cuando los hijos se vayan de casa y el nido quede vacío, te dedicarás a pintar, cantar o escribir para redefinirte a ti misma (pero sólo entonces, porque tus roles anteriores ya han estado precisamente definidos -aunque no siempre por ti-).


Como mujer occidental contemporánea, considero que hay una pregunta válida y saludable que podemos darnos el lugar a formular: ¿somos realmente las mujeres del Nuevo Milenio más libres? A pesar de la apariencia de libertad y mayor igualdad de género, ¿en qué parámetros estamos basando nuestro concepto de libertad? Nos desarrollamos delimitadas por un sistema heteropatriarcal que rechaza todo aquéllo que desafíe su estructura, un sistema incisivo y amenazante con la expulsión ante la pregunta.

Hoy es el día internacional de la mujer. Si celebramos la afirmación de ser mujeres, ¿por qué no celebrar también la pregunta acerca de qué nos hace, en verdad, ser mujer?

¿Cuánto espacio se le da a una joven moderna para que explore sus posibilidades vitales, más allá de los mandatos disponibles?

¿Qué opciones de realización personal tiene una mujer más allá de aquellas establecidas por la “predetermianción” biológica y las expectativas formuladas por el mandato social?

La sobre-exposición del cuerpo femenino en los medios de comunicación: ¿libertad de expresión o cosificación masiva permitida?

La aclamada destreza acrobática desplegada en la multiplicidad de roles: ¿autorrealización o agotamiento existencial por exceso de cometidos?

Si decido ejercer mi sexualidad de una manera alternativa a la concertuada por el sistema heteropatriarcal, ¿sigo siendo mujer?

Y si decidiera alternativamente, no desplegar mi genitalidad, ¿seguiría siendo mujer?

Crecemos envueltas por una línea discursiva (condicionada por el impacto de la antigua autoridad eclesiástica) en la que se condena la elección homosexual como antinatural e incluso patológica – condena que ha sido abiertamente refutada por la ciencia moderna-. Se desdeña también la elección del celibato, por ejemplo, porque la genitalidad es ponderada como vehículo excelso de obtención de placer, enmarcado en un sistema materialista que rinde culto al cuerpo y los sentidos. Más aún, históricamente se da por sentada la procreación como evolución natural en el curso de elecciones vitales de un humano adulto.
Por lo tanto, algo debe andar mal con una mujer que decide por opciones vitales alternativas a la maternidad. Por supuesto, casi con certidumbre, su sistema completo debe ser disfuncional si voluntariamente descarta la actividad sexual (tan natural, tan biológicamente programada y por ende ponderada como sana). 

Mujer que se dedica a la vida religiosa y deja como legado el ofrecimiento de sus años de servicio y contemplación es mujer sentenciada como amarga, apática, recluida, aburrida, sola. Seguramente más sola que la mujer que eligió seguir el mandato de ser esposa y madre: profesional, realizada, "exitosa"... “libre”.

Mujer que decide desviarse o alzarse por encima del mandato es mujer hostigada por el ridículo y el escarnio de la sociedad; y muchas veces, el rechazo de su propia familia.
Pero inevitablemente será también mujer íntegra, porque ella no se ha rechazado a sí misma.

¿Determinismo biológico o posibilidad de despliegue espiritual (mental)?

La naturaleza de la mente carece de atributos de color, forma, aroma, sabor; la mente carece de género. Sin embargo, en determinada vida, causas y condiciones kármicas la disponen a corporizarse con ciertos atributos, como el de un cuerpo convencionalmente masculino o femenino. Y aunque el potencial de desarrollo de la mente no puede circunscribirse a la biología, la biología puede estar al servicio de su despliegue.

Si la biología de ser mujer me dota con la posibilidad de la maternidad, por lo tanto me dispone con mayor proclividad a manifestar determinados atributos de la mente, como por ejemplo la compasión . Algunas de las preguntas que como mujer podemos hacernos son:
¿De qué manera elijo desplegar tal potencial?
¿A qué decido conscientemente dar vida?
¿A qué/a quién dejo ingresar a mi cuerpo?
¿Qué decido conscientemente incubar en mi Vientre (el de mi cuerpo, y el interno, imperceptible a los sentidos)?

Creo que la revolución en desafiar los mandatos y predeterminimos biológicos yace en animarnos a explorar cómo podemos invertir el proceso de pensamiento lineal al que nos predispone el sistema.:

La pregunta crucial es cómo podemos poner la biología al servicio del potencial de la mente. Y no al revés.


Entramamos la realidad con la complejidad de la araña que teje y desteje su propia maravilla creativa, su nicho que es espacio de muerte y nutrición.

Componemos la poesía que convoca conmoción en las entrañas del Hombre.

Hervimos el miedo en el caldo del coraje maternal, ese que nos urge a la fecundación de Sentido, en el cuerpo y la herejía atemporal de intuir lo que vive oculto bajo el rigor de la razón.

Criamos a los hijos del ayer y del mañana: los legados compasivos de las vidas dedicadas a aliviar el sufrimiento del mundo.

Somos más que los pechos conteniendo la leche que es ungüento de la vulnerabilidad; más que los pechos alzados para hacernos desear.

Somos la Voz de la religión: de la que re-liga con lo profundo, con lo subyacente, con lo Esencial.

 
Somos la Vida que se decide incubar, pero también la libertad de cómo hacer madurar esta posibilidad.

 

¿Qué cualidad, qué libertad celebras tú hoy?

¿Qué te hace una mujer?

 Florecimiento a los pies de la vastedad. Playa de Sri Lanka, 2016

Florecimiento a los pies de la vastedad. Playa de Sri Lanka, 2016