"El potencial humano es el mismo para todos. Tu sentimiento "no tengo valor " está equivocado, absolutamente equivocado, te estás engañando a ti mismo. Todos tenemos el poder del pensamiento ... ¿de qué careces? Si tienes fuerza de voluntad, entonces puedes cambiar cualquier cosa, se suele decir que tú eres tu propio amo." Su Santidad el Dalai Lama

¿En qué está basada la verdadera autoconfianza?

Generalmente cuando nos detenemos a analizar en qué se basa la confianza que tenemos en nosotros mismos, nos percatamos de que está primariamente orientada hacia nuestro sentido de logro externo y reconocimiento o reforzamiento del ambiente mediante la adulación de esos logros. Sumidos en un sistema materialista, nuestra lista de conquistas pasadas y futuras están delineadas por nuestra definición colectiva de éxito.

Esta orientación externa produce que el sentido de confianza sea fluctuante por estar sujeto al vaivén ineludible de la realidad mundana en la que inevitablemente nos veremos una y otra vez en el reflejo de la insatisfacción de nuestros deseos, la decepción y la pérdida. El resultado de esta disposición superficial es el sufrimiento ocasionado por la ansiedad constante por alcanzar esos objetivos externos y obtener halagos y aplausos para sostener ese sentido de seguridad erguido.

Cuando la autoconfianza yace bajo el dominio de las preocupaciones mundanas, es inestable pues estamos buscando firmeza en las arenas movedizas de samsara[i], que por definición, es un sitio indigno de confianza.

La ganancia y la pérdida,
el placer y el dolor,
la fama y la deshonra,
el elogio y la crítica

Vacilan, pendulan, suben y bajan, se mecen en la interminable desdicha de vivir apegados a buscar felicidad duradera en un mundo inestable, cambiante, ciclotímico y teñido por las aflicciones de los seres que lo habitan.

Tanto culto al cuerpo, los bienes materiales y los logros externos que cuando una persona no cumple convencionalmente con los estándares convencionales de belleza, inteligencia o talento, cuando no responde a los mandatos familiares y sociales, cuando se enferma, envejece, queda en bancarrota o se enfrenta a un “fracaso” (insatisfacción de un deseo) o pérdida en su carrera profesional o vida personal, es descartada como inservible y se encuentra cara a cara con el desprecio y deshonor del otro y el peor de todos: ¡el de ella hacia sí misma!

En cambio, cuando la autoconfianza está enraizada en el propio sentido de integridad, en nuestra consciencia, en nuestra capacidad de crear virtud, de hacer el bien, en nuestra capacidad de transformar nuestra mente, de trascender nuestras aflicciones, entonces esa confianza es estable y no está influenciada por la adulación ni la crítica.

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En vez de encontrar su causa en la adulación de los otros, la verdadera confianza en nosotros proviene de la intimidad de uno con uno en la que somos confidentes de nuestra propia virtud, de nuestra capacidad de servir a los demás con nuestras buenas cualidades, de sobreponernos a la adversidad y crecer a partir de ella, de transformarnos de manera positiva, de madurar espiritualmente, de florecer.

En palabras del gran pandita indio Shantideva:

La confianza en sí mismo debe aplicarse a las acciones sanas,]
la superación de las concepciones perturbadoras y mi capacidad para hacer esto.

Pensar "Yo solo lo haré"
es la autoconfianza de la acción.


La verdadera confianza por lo tanto proviene de la integridad, del sentido de dignidad originado al sentir que uno está viviendo su vida alineado con sus principios, que está absteniéndose de la mejor manera que puede de hacer el daño y de acuerdo a sus capacidades en cada etapa transitada del camino, intentando ser de beneficio para otros.

Cuando confiamos en nosotros mismos sabemos que no valemos el dinero o los bienes materiales que podamos acumular, no valemos la cantidad de "Me Gusta" que adquirimos en las redes sociales, nuestro valor no está medido por la reciprocidad que conseguimos en las relaciones con los demás; tampoco por las calificaciones o los títulos que nos son asignadas y conseguimos en el mundo académico.

Cada uno de los seres vivos valemos porque alojamos la naturaleza búdica en nosotros y honramos ese valor al sabernos poseedores de una infinita capacidad para desplegar la sabiduría y la compasión.

En la singularidad privilegiada de nuestra especie, los seres humanos contamos con un valor agregado porque en esta experiencia efímera como hombres tenemos la posibilidad de utilizar nuestra inteligencia para actualizar el potencial de  nuestra mente hasta un punto inimaginable para nuestra concepción actual (éste es, el del Despertar absoluto o la iluminación).
 

¿Por qué no nos han enseñado acerca de ese potencial de nuestra consciencia al crecer? Cuando un sistema está edificado sobre valores superficiales y volcado hacia el exitismo y el progreso material, el desdeño de la educación en valores internos es casi absoluto. Por lo tanto, la confianza de los niños devenidos en jóvenes y adultos se ve inevitablemente empobrecida y en casos extremos, es nula.

Por el contrario, cuando la búsqueda de conquista está volcada hacia adentro, la medida de la confianza que puede desplegarse es inmedible.


¿Cómo desarrollar una confianza genuina en uno mismo?

"Con la realización de nuestro propio potencial y la autoconfianza en nuestra capacidad, uno puede construir un mundo mejor. Según mi propia experiencia, la confianza en sí mismo es muy importante. Esta clase de confianza no es ciega, es una conciencia del propio potencial, sobre cuya base los seres humanos se pueden transformar aumentando las buenas cualidades y reduciendo las cualidades negativas". Su Santidad el Dalai Lama

La confianza en uno mismo puede aumentar con creces con el progreso en nuestro proceso de autoconocimiento. Cuanto más crece nuestra osadía en la ventura de mirar hacia adentro y hacernos responsables por lo que nos habita, cuanto más conocemos nuestro carácter, nuestras fortalezas y debilidades, y cuanto más nos hacemos cargo de todo ello con un mayor sentido de realidad, trascendemos la tendencia de ser esclavos de nuestra mente y más control tenemos sobre ella, aprendiendo a direccionarla de manera provechosa para nuestro bienestar y el de todos los demás.

Además, cuanto más nos embarcamos con entusiasmo y coraje en travesías virtuosas (en el uso de nuestro cuerpo, habla y mente para hacer el bien), más se acrecienta nuestra confianza en lo que podemos llegar a ser: porque al alinearnos con esos valores benignos y comprobar cuan fructuosos pueden ser, nos hemos animado a saborear una pizca de nuestro potencial.
¿Acaso no nos sentimos bien con respecto a nosotros mismos cuando nos probamos capaces de traer felicidad o aliviar el sufrimiento de otro de algún modo?

 

La autoconfianza es la raíz de todas las buenas cualidades

Sabiendo que nuestra mente puede moldearse en cualquier forma por obra de los hábitos que cultivemos en ella, no es sólo una posibilidad, sino un hecho que podemos desarrollar cualquier cualidad mental que deseemos a través de la práctica sostenida y continua. Con esta convicción sostenida en la razón, no importa cuántos obstáculos se nos presenten en el camino, esa confianza en nuestra capacidad de despertar –la misma de toda criatura- es el terreno fértil del que brotarán todas las cualidades constructivas y beneficiosas que harán de nuestra mente un jardín gozoso donde morar y del que otros también puedan nutrirse y disfrutar.
 

Baja autoestima y orgullo: dos manifestaciones extremas de la mente egocéntrica

Tanto la victimización de la baja autoestima como el orgullo son manifestaciones extremas de la mente estrecha egocéntrica colocándose a sí misma como Lo Más Importante, colocándose en el centro.
La falta de confianza se repliega en sí misma enroscada en teorías ilógicas de inferioridad,
la soberbia por su lado presume expansión y alcance cuando en verdad vive cercenada por el impulso agresivo que la mueve: la prepotencia de la superioridad.

La devaluación de uno mismo es un estado mental tan aflictivo como la superioridad. Con el primero ejercemos una exageración de nuestras limitaciones e imposibilidades de logro, con el otro una exageración irreal de nuestras buenas cualidades y posibilidades de triunfo.

La confianza en nosotros mismos está directamente conectada con nuestra humildad, porque al ser humildes sabemos que no somos tan importantes, al mismo tiempo que tenemos certidumbre irrevocable sobre nuestro valor. Si confías en ti no necesitas compararte con los demás y sentirte inferior o superior con respecto a sus capacidades, que es la manera perturbadora de proceder del orgullo.

La autoconfianza abandona el orgullo por completo, porque no necesitamos probar delante de otros nuestro valor: sostenemos esa certeza en la intimidad con nosotros mismos.


Confianza y autocuidado consciente

La autoconfianza debe ser aplicada a la capacidad de sobreponerse a la auto-importancia. Esto es, a la tendencia de la mente de colocarse siempre en el ombligo del mundo, haciendo de todo fenómeno un evento autorreferencial y anteponiendo su relevancia y beneficio a los del otro.
Por contario al estereotipo de austeridad extrema y negligencia en el autocuidado, la persona que ha logrado desarrollar una verdadera y sostenida confianza en sí misma ha aprendido muy bien cómo cuidar de sí, porque al ser consciente de su valía, sabe que cuanto más atiende a su salud e higiene mental y física, mayor será su utilidad como instrumento para traer beneficio a la incalculable cantidad de seres con la que co-existe entramada.


Consejos para estimular la confianza en ti mismo:
Tú en tu intimidad contigo, al alzarse el sol y al ocaso


"La confianza en ti mismo deriva de tu práctica." Choegyal Rinpoche
 

Al levantarte por la mañana:

Siguiendo el consejo de mi maestro Choegyal Rinpoche, puedo sugerirte lo siguiente:
Al amanecer, alza tu mirada al sol y piensa “Que todos los seres sean felices”. Deja que este deseo grandioso reverbere en tu mente y así comenzarás el día con un espíritu expansivo, abierto, desprejuiciado y altruista.
 
Luego, anímate a la pregunta existencialmente estremecedora:
“¿Cómo puedo hoy, y cada día de esta vida preciosa, colaborar con ese fin, y ser de beneficio para todos los seres?”

Podrías incluso expandir tu osadía decretando:
Hoy me comprometo a usar mis habilidades, talentos, cualidades internas, mi vitalidad en su totalidad para ser de beneficio para cada ser con el que me encuentre en el camino. Y si no puedo beneficiarlos, al menos me comprometo a no dañar a ninguno”.
 

Antes de irte a dormir:

Pregúntate:

  •  ¿Cuan victorioso he sido hoy en mi trabajo de disminución de mis emociones perturbadoras?
  • ¿Cuan victorioso en el incremento de mis cualidades positivas? 
  • ¿Cuánto tiempo he dedicado a actividades de cuerpo, palabra y mente que contribuyan a mi paz mental y la paz mental de quienes me rodean?
  • ¿Cuál ha sido la extensión de mi mente en mis actividades de hoy, a cuántos seres he abarcado en mi intención de traerles felicidad?: ¿Quién ha estado en el centro de mis motivaciones: yo o todos?
  • Cada noche haz un chequeo de tus acciones positivas de cuerpo, habla y mente y genera regocijo por ellas. Para expandir tu mente, puedes dedicar los méritos que has acumulado por el bienestar y felicidad de todos los seres.
     
  • También puedes hacer un chequeo de cuáles han sido las acciones no virtuosas en las que te has visto implicado, generar arrepentimiento y comprometerte a enmendar tus errores y formular una resolución para no repetirlas.
     
  • Al terminar el día, observa de modo retrospectivo cuáles han sido tus estados mentales predominantes durante el día. Por cada momento de amor, atención plena, compasión, paciencia, gratitud, sabiduría, genera un profundo sentido de dicha y logro. Por cada instancia en la que has sido victorioso en aplicar un antídoto a una emoción aflictiva (por ejemplo, si ha surgido enojo en tu mente y has podido oponerlo con paciencia o amor, sin reaccionar impulsivamente a él), también regocíjate. Cada uno de tus esfuerzos conscientes es una gota apaciguando la hoguera aflictiva del mundo.
     
  • Genera una mente vasta, cuya visión abarca a la totalidad de seres sintientes y se extiende a largo plazo.
     
  • Comprométete en más actividades, relaciones interpersonales y líneas de pensamiento que te ayuden a acrecentar tu sentido de integridad interior: practica más generosidad, sé amable con tus palabras, reconoce y alégrate por los logros ajenos, preserva la vida de los más indefensos, dale de comer a quien tenga hambre, ofrece tu consuelo a quien sufre desconsolado, dedica tiempo a conocer tu mente en profundidad, hazte responsable de tus emociones, haz un uso inteligente del valioso y precario tiempo que tienes como ser humano dedicando tus horas a lo constructivo, lo beneficioso, lo conducente hacia el bienestar de todos.
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Cada instante es un soplo de libertad para cultivar virtud. No importa si el universo entero está en llamas: ninguna circunstancia externa puede alterar el estado virtuoso de nuestra mente si así lo determinamos. La morada de la mente es la única que no puede ser asaltada por agentes ajenos a ella.

Paso a paso, cuanto más trabajes con tu mente, más comprometida se haga tu forma de vida alineada con tus principios, cuanto más descubras sobre tu potencial infinito de crear felicidad para ti y los demás,  más crecerá tu sentido de integridad interno, de Propósito en la vida, mayor será la vastedad de tu mente y el alcance de tus posibilidades… ¡y la confianza en ti mismo será inquebrantable!




¿Cuáles son tus fuentes internas de confianza en ti?
Es mi deseo que te descubras portador de tu potencial infinito y el roble de tu confianza se convierta en el sostén virtuoso de todos los seres.

¡Comparte para inspirar!

 

[i] Saṃsāra (en sánscrito: संसार) es el ciclo de nacimiento, vida, muerte y renacimiento en el budismo.
Los seres sintientes que circulan involuntaria e ininterrumpidamente en samsara lo hacen bajo el dominio del karma y las aflicciones.