El idealismo sentimental era el régimen vigente de mi mente juvenil. El mundo se me hacía cruel pero la esperanza de teñirlo de rosa era mi aliada fidedigna. Soñaba con contribuir a la paz y sanación del mundo.
Y entre la ideación idealista miraba fotos en internet de niños africanos y los ojos se me salaban. Buceaba entre sitios de ONGs fabulando con posibilidades de tender mis manos al pueblo africano. ¿Por qué África? Disposición kármica cierta, pero de procedencia oculta.

Al terminar mi carrera universitaria de psicología, me fui a viajar países lejanos del este. En Nueva Zelanda encontré el Budismo como el camino redentor de mi insaciable sed espiritual. En India y Nepal encontré a mis maestros.

 Lama Zopa Rinpoche, mi mestro, en la noche de toma de refugio en el Monasterio Kopan.

Lama Zopa Rinpoche, mi mestro, en la noche de toma de refugio en el Monasterio Kopan.

Después de viajar y encontrar mi hogar en el Buda Dharma, volví a mi tierra natal argentina pero para decidir dejar (casi) todo en un salto al abismo de la mano del Dharma. Un pálpito inmaterial me dirigía a volver al Monasterio Kopan, espacio incubador de mi refugio en las Tres Joyas. Y entonces dos años atrás confié en la generosidad de un extraño egipcio que me encontró en Couchsurfing (conexión kármica cierta, de origen oculto) y su ofrenda de un pasaje de avión para llegar a destino. Con un vuelto bajo el brazo, el desconcierto de otros ojos y la confianza erecta, partí tomada de la dadivosidad foránea de Zimo.

En un aeropuerto intermedio en Medio Oriente, esperaba mi vuelo a Katmandú acurrucada en un asiento. Fue entonces cuando Natasha, una joven ukraniana de pelos trenzados, se me acercó con su manta tejida abierta: “¿Tienes frío? Te vi de lejos en esa posición y pensé precisabas abrigo.” Mi corazón jubiloso ante la conexión con la gentileza de los seres, me hizo sonreír con todo el cuerpo que se acomodó en posición opuesta, de hombros abiertos y rostro en alza: de disposición a la venidera reciprocidad. Enseguida comenzamos a conversar. “¿De dónde vienes, Natasha?” “De trabajar como voluntaria en África”. (Resplandor atemporal en mis ojos); “¡MUÉSTRAME TODO!” Las fotos de sonrisas blancas en su laptop y mi ebullición en el pecho siguieron por un buen rato, hasta que mi vuelo fue anunciado. Y ella me preguntó: “Melisa, antes de que partas, ¿puedo hacer algo por ti?” Entonces Natasha tomó mis manos entre las suyas, cerró sus ojos y comenzó a orar a Jesucristo por mí. Conmovida de amor, yo hice lo mismo por ella invocando a los Budas.
Así finalizó mi encuentro fugaz y único con la europea de cabello trenzado que fue corazón mensajero de un importante anuncio: “África está cerca”
Ah… “Y estás en el camino correcto”.
Sintiéndome protegida por un manto invisible de amor y mi corazón de coraje,  volé a Nepal y en el Monasterio Kopan me sumergí en un océano de verdades desafiantes para mi aferramiento a mi yo. Tres meses de intentar hacer de mi mente un ciervo apacible, de gentileza y compasión hondas, de dulzura maternal y fuerza volcánica.

 En el Jardín de Stupas del Monasterio Kopan, después del retiro de LAM RIM.

En el Jardín de Stupas del Monasterio Kopan, después del retiro de LAM RIM.

Pero el trabajo recién comenzaba. Volver a Occidente después del retiro de LAM RIM (el Camino Gradual hacia la Iluminación) no era una opción para realizar mi Visión de florecimiento espiritual y de contribuir a la paz de todos, a largo plazo. De modo que decidí ir a trabajar como voluntaria a Root Institute for Wisdom and Culture, otro Centro Budista de la Fundación para Preservación del Budismo Mahayana (FPMT) de mi maestro Lama Zopa Rinpoche. Emprendí este nuevo destino con ayuda de alguien dentro del Monasterio enviando e-mails a Root Institute por mí (yo no tenía acceso a Internet durante el retiro), mas no conseguíamos tener respuesta.
La fecha de finalización del retiro se acercaba, y mi mente vulnerable a sus aflicciones se debatía diariamente entre ansiedad y miedo y una Confianza insondable en la guía de mis Maestros, y en que el Camino se desenvolvería de manera  para que yo pudiera responder a mi llamado interior. Semanas de refugio en la oración y en mi intuición -que aunque plausible a ser errónea-, suele orientarme en las direcciones más conducentes para mi desarrollo interior (¡aunque claro, ¡no siempre las más fáciles de abordar!
Un día, mi amigo Pablo que había finalizado su retiro de Introducción al Budismo en Kopan, me prestó su teléfono para que intentara llamar yo misma a Root Institute. Tono tras tono, sin respuesta. Con el teléfono aún en mi oreja derecha, alcé la vista para encontrarme con un presagio hecho materia delante de mí: Una camioneta con la inscripción “Root Institute for Wisdom and Culture”. Con Pablo no salíamos del estado de Asombro (de ése con mayúscula). Me aproximé inmediatamente a un monje cerca del auto, y efectivamente, él y la directora del Centro al que tanto intenté acercarme, se habían aproximado desde Bodhgaya hasta ahí (mí)!  Esa misma tarde hablé con la directora Venerable Paldron y ella me aceptó como voluntaria de Root, para trabajar como líder de meditación. El desafío se presentaba como algo titánico e inabarcable por mi mente principiante, pero confiando en mi Coraje como un sabio consejero, y una vez más, en la Guía intangible (onírica e intuitiva) de mis maestros, dije SÍ.
Un amigo me ofreció los pasajes para llegar hasta ahí. Otro amigo me ofreció el hospedaje hasta la fecha de partida.
A partir de allí, la sincronicidad fue mi aliada en mostrarme que los pasos estaban siendo acertados, aún en los tiempos de mayor dubitación, manifestándose en la bondad de incontables seres que se cruzaban en mi Camino para apoyar mi descabellada testarudez espiritual, buceando en sentido opuesto a la corriente de los mandatos del sistema. Las miradas ajenas a lo lejos manifestaban recelo, desconfianza y preocupación.
Hubo miedo a ser desterrada.
Hubo miedo al rechazo.
Hubo miedo a la indigencia.

Hubo miedo a la locura.

Mas siempre también hubo fe. Fe en que la dicha que sentía cada mañana y el regocijo al irme a dormir por estar dedicando mis días por completo a servir al Dharma –el Camino que elegí- y a mis maestros, no podía ser producto de un ataque maníaco. Fe en que el sentido de realización devenido de trabajar sólo para el beneficio de los demás, no podía ser un delirio mesiánico.
Fe en que había algo de cordura en la entrega.

 Haciendo ofrendas en el Jardín de Stupas de Root Institute, Bodhgaya, India.

Haciendo ofrendas en el Jardín de Stupas de Root Institute, Bodhgaya, India.

 Root Institute

Root Institute

Y cada vez que aparecía la duda, aparecía también un ser con un sobre blanco entre las manos ofreciéndome ayuda para dar un paso más. Y las lágrimas no eran sólo de gratitud, sino de compromiso: con apostar a dedicar otro día más, y otro y otro, a Aquello que sentía le daba un Propósito Mayor a mi vida: más allá del éxito profesional, de la satisfacción vincular, del enriquecimiento material. Más allá de esta vida efímera. Y por sobre todo, más allá de mí.    

 Guiando peregrinación a la cueva Mahakala. Ofrenda de banderas de oración

Guiando peregrinación a la cueva Mahakala. Ofrenda de banderas de oración

 Guiando la peregrinación a Nalanda, la antigua universidad de los grandes panditas indios.

Guiando la peregrinación a Nalanda, la antigua universidad de los grandes panditas indios.

 Facilitando un día de meditaciones y ofrendas en el Templo Mahabodhi, donde Shakyamuni Buda alcanzó la iluminación.

Facilitando un día de meditaciones y ofrendas en el Templo Mahabodhi, donde Shakyamuni Buda alcanzó la iluminación.

 Dedicatoria de ofrendas en el Templo Mahabodhi, Bodhgaya, India.

Dedicatoria de ofrendas en el Templo Mahabodhi, Bodhgaya, India.

Pasaron seis meses y al aproximarse el verano abrasador en Bodhgaya, yo sentí que era tiempo de moverme. De dirigirme a un sitio en donde pudiera seguir estudiando. Pero antes de irme de Root Institute, quería hacer el retiro de Tara, facilitado por Jimi Neil. Sin embargo, la Coordinadora de Programas Espirituales, Venerable Khadro (ahora una gran amiga del Camino), me pidió en cambio que fuera la asistente del profesor liderando las meditaciones matutinas del retiro. Decepcionada por no poder conseguir lo que deseaba, pero confiando en que a veces ésto es lo mejor que puede suceder, así me dispuse a servir con alegría una vez más.
Y allí, entre los estudiantes, estaba Bernhard Weimer: Un señor diplomático alemán que se acercó a la oficina preguntando por mí y me dijo: “Quiero invitarte a venir a África a liderar un curso de meditación”. Sí, el Asombro me volvió a consumir el aliento, y una vez más con la osadía impulsando la movilidad de la lengua dije ¡Sí!
El tiempo para servir en África había llegado, y de la manera más impensada y afín a mi personalidad y Camino de esta vida. Otra vez, asentí con todo mi Ser ante la posibilidad de la Confianza en mi Refugio en las Tres Joyas –Buddha, Dharma y Sangha-, como el único amparo seguro en un mundo interno y externo de incertidumbre, insatisfacción y vacilación. Otra vez confié en mi llamado interior. Otra vez confié en mí.

Bernhard me contó sobre las problemáticas de guerra, inestabilidad económica y pobreza y desasosiego interior del pueblo mozambicano. Las herramientas para la paz son una urgencia, no solamente en África, pero en todo el mundo: una verdad irrefutable. Después de una cena inspiradora en la que pusimos nuestra intención de servicio en papel, fuimos juntos al Templo Mahabodhi, donde reside el árbol bajo el que Shakyamuni Buda se iluminó más de 2500 años atrás, y le ofrecimos nuestras intenciones a Tara, junto con incienso exquisito japonés que traía Bernhard.

Poco tiempo después, con el dinero reunido de los ofrecimientos de los estudiantes, dejé uno de los tiempos más felices de mi vida viviendo en Bodhgaya, para aventurarme al próximo: mi vida de estudio de filosofía y tibetano en Dharamsala, el hogar de mi Maestro raíz, Su Santidad el Dalai Lama.

Ya a los pies de los Himalayas, y de mi Maestro, fui una mañana al Templo en que se anunció que Su Santidad estaría dirigiendo una puja. A la distancia parada frente a una columna desde la cual podía mirarlo de frente, le recé durante una hora pidiéndole guía para este proyecto del curso en África. Le pedí que por favor, me orientara sobre si quería que sirviera desde la perspectiva budista o de manera laica. Y una de las plegarias que le repetí insistentemente fue "Maestro, por favor, sujeta mis manos, mírame a los ojos y aconséjame para mi vida".

Al terminar la puja, hice una kora (circumbalación) y me alineé esperando para saludarlo, en fila, como todos los presentes. A unos pocos metros míos estaba parado mi amigo Tommy junto con otro señor desconocido, que me llamó para que me alineara con ellos. Este señor americano (en ese entonces extraño, ahora Todd, otro gran amigo del Camino), nos preguntó nuestro nombre tres veces a cada uno. Con mi kata entre manos (mascada de seda blanca que se le ofrece tradicionalmente a los maestros en la cultura tibetana) e insistente con mi plegaria, esperé a Su Santidad al lado de ellos. Sorpresivamente, cuando Su Santidad pasó frente a nosotros, se detuvo y saludó cariñosamente al señor. Y él, gentilmente, nos presentó a Su Santidad diciéndole nuestros nombres. Su Santidad, entonces, nos tomó a cada uno una mano, nos miró a los ojos y nos dijo "Deben propagar valores humanos y bondad en el mundo de una manera secular con el apoyo de la ciencia y el sentido común, y las desventajas del enojo" (e hizo una cara graciosa de enfadado entre risas). Estuvo detenido frente nuestro tomando nuestras manos en unos instantes que, para mí, significaron una eternidad de júbilo y devoción.

Y entonces todo el miedo a la locura se evaporó en medio de la claridad inconfundible de la que está embebida la bendición del Maestro.

Seguido a este evento extraordinario, con mucha alegría le escribí a Bernhard contándole lo sucedido y él aceptó que diseñara un curso desde una perspectiva secular, dando herramientas para desarrollar valores humanos y mejorar la calidad de vida y el sentido de propósito de las personas. Un espacio de ofrecimiento de herramientas para desarrollar paz interior, que obre como catalizador de paz en el mundo entero.

Así fue que, con la tutoría de mis maestras Geshe Ma Kelsang Wangmo y Bikshuni Thubten Chödrön y el consejo de otros maestros, durante un año me embarqué en un proceso de escucha de enseñanzas e investigación sobre diferentes teorías neurocientíficas sobre bienestar y meditación. Por ser una apasionada por comprender la mente humana y haber estudiado Psicología, este trabajo ha sido de mucha gratificación, pero involucrando la gran responsabilidad de hacerlo de la manera más lúcida y habilidosa posible, para poder ser de beneficio a los seres a quienes me dirigiría; y también porque involucraba seguir -de la mejor manera posible de acuerdo a mi capacidad- las instrucciones de mi gurú.

Así fue que, un año después, mis pies besaron la tierra añorada africana por primera vez. Así fue que llegué a Mozambique y facilité un curso de seis días en Vilankulo, en presencia de maravillosos seres humanos que se abrieron a la posibilidad de tomar responsabilidad por sus mentes como creadoras de su dicha y su miseria; de embarcarse en el proceso de desarrollar herramientas internas con las que enfrentar los desafíos de la existencia humana y acompañar compasivamente los de los demás. Esta fue, esta es, la entrega apasionada a lo que le da Sentido a mi Vida.

 Aprendiendo juntos a desarrollar la capacidad de perdonar.

Aprendiendo juntos a desarrollar la capacidad de perdonar.

 Mujeres mozambicanas y sudafricanas trabajando con coraje con su mente.

Mujeres mozambicanas y sudafricanas trabajando con coraje con su mente.

 Ceremonia de ofrecimiento de luz generando compasión en la playa.

Ceremonia de ofrecimiento de luz generando compasión en la playa.

Comparto en esta ocasión brevemente la trama de decisiones y alineaciones de mi Camino con la intención de que sirva de inspiración para otros. Para que instaure preguntas. Para que invite al desafío. Para que inculque Coraje. Para que infunda Confianza.

Todo ser humano tiene un Propósito más Allá de los mandatos del sistema.

Del hábito ceñido de buscar satisfacción en lo volátil.

Del condicionamiento aflictivo.

Más allá de la convención.

Más allá de sus creencias limitantes de insignificancia.

Más allá de sí mismo.
 

Es mi deseo que cada ser lo encuentre y con coraje y generosidad, lo ponga a disposición del enriquecimiento y bienestar de todos. Porque todos somos maestros y compañeros los unos de los otros, en el viaje existencial de intentar desarrollar Todo nuestro Potencial.

Gracias a todos y cada uno de los que colaboraron con su bondad, confianza y generosidad, para que este sueño pudiera comenzar a realizarse. En especial, gracias al Dharma, que ofrece a todos los seres sintientes el camino hacia la felicidad duradera, y gracias a los preciados Maestros que lo enseñan, a quienes debo el desarrollo de cada una de mis buenas cualidades.

 

¡Que todos los seres sean felices!

 

 

Muy pronto más información sobre el curso en Mozambique, la experiencia de los participantes y el ofrecimiento de próximos cursos en inglés y español.